domingo, 16 de marzo de 2008

Te quiero y punto

He decidido ser libre o me he resignado ha serlo. En mi soledad platónica puede que llegues y me estorbes. Puede que no. Pero esto es lo que soy.
Todo empezó con el idealismo. Las musas, las dulcineas, las no sé qué. Idealizarlas al máximo y luego sufrir sus rechazos. Pero si no, no hay oportunidad de amar, aunque tampoco la hay en el deseo contemplativo, esos ojos, esos labios, esa cara bonita, ese movimiento del cuerpo, tan tuyo, tan cachondo, esos hombros frágiles, esa nariz, ese cabello, eso que es tan ajeno a mi cuerpo pero tan de mis ojos, de mis ilusiones, de mis sueños.
¿Pero si no eres tú, quién? Ah, claro, ya sé quién, tú, la otra, la que se enamora del yo facilote, del yo que se va a la cama porque sabe que hay un sexo femenino esperando, húmedo, enamorado. Para qué te enamoras de mí, me pregunto siempre, no lo hagas, te suplico en silencio. Cómo puedo quererte. A ti, que buscas mis labios sin que me interesen los tuyos. A ti, que estás dispuesta a desnudarte en nuestra primera, quizá única, cita. A ti, que no me interesas. Sí, así es, te quiero y punto. Te quiero porque mi cama no huele a ti cuando te marchas.

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